Discursos de padres y alumnos con motivo de la jubilación de la profesora Eva Alcázar

Es para mí un honor pronunciar estas palabras en la despedida de la profesora Eva Alcázar en representación del grupo de padres aquí reunidos. Ciertamente son muchas las facetas sobresalientes de la personalidad de Eva y muchos los motivos por los que le debemos reconocimiento, pero antes de referirme a su labor pedagógica o a sus valores humanos, querría destacar un hecho, quizá inadvertido, que da buena medida de su proyección sobre todos nosotros. Eva, digámoslo de una manera sintética, ha sido durante estos años la banda sonora de nuestras vidas. El espléndido mural musical por ella tejido a base de deberes, ensayos e interpretaciones de nuestros hijos ha sido como un telón de fondo que ha embellecido nuestros hogares, dándoles otra dimensión y llenándolos de armonía y de luz nueva (le pese o no le pese a algún vecino...). Os diré que de Eva Alcázar me gusta todo, empezando por su nombre de protagonista de novela. Pero puestos a elegir, me quedaré con tres rasgos que me han cautivado de su proyecto pedagógico y vital: - En primer lugar, la calidad de sus métodos y de sus resultados. No sé qué pasa en ese palomar de la planta cuarta del conservatorio, que todos los alumnos que entran salen buenos, y los muy buenos, excelentes. A todos encuentra Eva su tecla. Ese estándar de calidad, que a mí me gusta llamar “sonido Alcázar”, es una realidad y quien ha asistido a sus audiciones, lo sabe reconocer. - En segundo lugar, me gusta su compromiso con la modernidad. El repertorio de sus clases no se limita al canon clásico, sino que se zambulle de lleno en la música de los siglos XX y XXI: nombres como John Cage, Sofya Gubaidulina, Benjamin Britten y Oliver Messiaen, son algunos ejemplos. Pocas artes como la música encarnan mejor el espíritu de su época, y Eva enseña a sus alumnos a interrogar y a entender a los mejores compositores contemporáneos, que os aseguro siempre tienen algo importante que decir. - En tercer lugar querría destacar su inquietud cultural y social. Eva es música, sí, pero no sólo eso: también es amiga de pintores, poetas y novelistas; Eva es música, sí, pero también defensora de la escuela pública, luchadora contra los recortes y valedora de la memoria histórica. Y en este sentido, os recordaré que a ella debemos el nombre de nuestro Conservatorio, el del músico español Adolfo Salazar exiliado en México en 1939. Cuánto da que pensar, que una mexicana viniese a recordarnos, en un curioso viaje de ida y vuelta, la existencia de aquel compatriota olvidado. Con ser grande todo lo anterior, para mí, como padre, hay una virtud de Eva que resplandece sobre las demás: haber sabido llevar de manera tan maravillosa a un grupo de jóvenes en edades complejas y de cambio. Habértelos sabido ganar y ser su referencia es, sencillamente, sobresaliente. Y para nosotros, una tranquilidad haberlos sabido a tu lado en este tiempo, rendidos a tu suave rigor. En el homenaje de hoy nos acompaña el pianista, catedrático y académico, Joaquín Soriano, gran embajador de nuestra música y uno de los maestros de Eva, con el que vino a estudiar a España. Su presencia me lleva a una última reflexión: la única supervivencia posible del conocimiento está en ser transmitido y en que cada generación pase el testigo sin romper la cadena. Os diré que la llama musical que Eva recibió de sus maestros hoy habita en vosotros, sus alumnos, y que ahora es vuestra la responsabilidad de mantenerla encendida y de dar el relevo. Querida Eva, empiezas una nueva etapa llena proyectos a los que, no me cabe duda, coronará el éxito. Por lo que respecta a este Conservatorio, te puedo decir que te vas con nuestro reconocimiento, con nuestra gratitud y con la seguridad del deber cumplido. Hasta siempre, Eva Alcázar.

José Pons (padre de la alumna Carmen Pons) Madrid, 27 de mayo de 2016

Querida Eva, en nombre de todos tus alumnos queremos dedicarte unas palabras. Algunos de nosotros hemos recorrido un largo trayecto contigo y otros apenas acaban de llegar, pero a pesar de ello, todos hemos podido darnos cuenta de lo gran profesora que has sido para nosotros. Nunca olvidaremos esas tardes después del cole que veníamos cargados de partituras al conservatorio, subíamos a la cuarta planta (algunos atletas por las escaleras y otros preferían la espera de 3 horas a la llegada del ascensor) y llegábamos al aula 44, la más grande y bonita de todas, aunque como tú dices esto es un secreto que ha de quedar entre nosotros. Cuando entramos en el conservatorio, todos nos creíamos grandes músicos a nuestra pequeña o no tan pequeña edad, hasta que nos enseñaste algo que hasta el momento desconocíamos: la famosa técnica. Esas escalas y estudios infinitos, esos dedos meñiques que se nos escapaban. Nos enfrentamos a nuevos retos, ir a tempo con el metrónomo, saber medir... esos momentos en los que dudabas si realmente habíamos aprobado lenguaje musical, y tantas otras cosas. Es verdad que al principio odiábamos este aspecto de la música, pero a lo largo de los años nos hemos dado cuenta de que sin la técnica no hubiéramos podido sobrevivir a obras de compositores como Bach o Beethoven. Sin embargo, la técnica es solo la base. La música va mucho más allá, y esto es algo que nos has enseñado tú, cómo conectar con ella y transmitir esto al público. Recordamos las clases en las que te ponías a bailar los valses de Chopin y nos decías que imaginásemos que nos encontrábamos en grandes salones de baile. Y las numerosas ocasiones en las que si seguíamos sin entender lo que tocábamos, nos dabas tantas clases extra como nos fueran necesarias hasta conseguirlo. Algunos de nosotros ni siquiera habíamos pisado un escenario hasta conocerte y tú nos enseñaste a enfrentarnos al terrible “miedo escénico”. Con más o menos nervios hemos ido tocando en los diversos conciertos y mejorando individualmente, no siempre salían bien pero tú nos aplaudías igualmente con una sonrisa de oreja a oreja. Gracias, y no solo de parte de los aquí presentes sino de todos los alumnos que han pasado a lo largo de tu carrera musical. Has jugado tres papeles fundamentales en nuestras vidas: no solo el de profesora, sino también el de madre y médico de todos nosotros. Siempre recordaremos esas clases en las que llegábamos agotados del colegio y tú nos recetabas todo tipo de vitaminas, o aquella vez en la que Juan Más se hizo daño en el dedo y tú le recetaste “Bamitol” (no solo para humanos, sino también apto para bovinos, equinos, ovinos y caprinos). Eres un ejemplo a seguir. Estaremos eternamente agradecidos del entusiasmo y cariño con el que nos has recibido todos estos años. En definitiva, no solo nos has formado como músicos, sino también como personas, has sacado lo mejor de nosotros, nos has hecho crecer, progresar y confiar en nuestras posibilidades. Te queremos Eva.

Lucía Herráiz y Carmen Pons Madrid, 27 de mayo de 2016